miércoles, 22 de diciembre de 2010

Un dudoso arte

Segunda entrada. Esto marcha poco a poco! 

Hoy me gustaría tratar un tema de actualidad, que está a la orden del día, pero que o bien parece no preocupar mucho al conjunto de la sociedad o bien preferimos mirar hacia otro lado y pensar que no pasa nada. 

No obstante, antes me gustaría hablar acerca de un libro que acabé de leer anoche, que fue precisamente lo que hizo que mi cabeza empezara a rumiar y a bombardearme a preguntas y a decidir, por tanto, compartirlo con vosotros. El susodicho es "El arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo". El título del libro puede sonar a priori algo chocante e inducir a pensar en la ironía y la sátira, pero nada de eso. El señor Honoré de Balzac era todo un experto en tal dudoso arte. 

Pues bien, en un principio, el libro no causó una gran sorpresa en mí, me pareció aceptable, quizás entretenido para leerlo antes de dormir, pero nada especial. Sin embargo, y por no poder conciliar el sueño, me asaltaron varios planteamientos. Más bien, ciertas comparaciones.

Es importante decir que el libro es de 1827, es decir, de hace ya ciento ochenta y tres años. Si comparamos la sociedad de 1827 con la que nosotros representamos, la primera conclusión a la que llegamos es que son dos sociedad completamente distintas, a cualquier nivel.

Sin embargo, mi análisis va más allá. Como bien dije, en primera instancia, podemos creer que son dos conceptos de sociedad totalmente distintos, pero vayamos más allá.

La primera duda/comparación que me asaltó fue la siguiente: ¿Qué diferencia encontramos entre la "ruinidad" de 1827 y de 2010 de intentar burlar a los acreedores para bien no pagar una deuda o atrasarla lo máximo posible? Pensemos en individuos de nuestro círculo más cercano e intermedio. Me atrevería a decir que un gran porcentaje de ellos (nosotros incluidos, probablemente) ha actuado tal y como Balzac contaba en 1827.

En consecuencia de ello, me paré a pensar el porqué de tal comportamiento. ¿Tendrá que ver quizás la educación de los individuos desde que son niños? ¿Qué diferencias encontramos entre la educación, la moral y el civismo de 1827 y de 2010? Cierto es que se ha avanzado en tal terreno, pero mi planteamiento es el siguiente: ¿Ha evolucionado la educación, la moral y el civismo proporcionalmente en comparación con otros avances del ser humano tales como la tecnología?

Cierto es también que las comparaciones son odiosas, pero si el ser humano es capaz de evolucionar de tal modo en el campo de la tecnología, algo tan básico como la educación, la moral y el civismo debería ser más de lo mismo. Se podría complicar el planteamiento, y comparar tal materia en países como España, Italia, Grecia con países como Alemania o los países escandinavos...pero ese sería otro tema a debatir.

Los planteamientos que me vinieron fueron infinitos, pero creo que este es un buen comienzo para poder debatir.

¿Qué opináis? 



martes, 21 de diciembre de 2010

Corre que te corre v 1.0.

7:38 a.m. Ocho minutos tarde otra vez! Me levanto de un salto de la cama corriendo, me dirijo al cuarto de baño (por suerte mi ropa y mi bandolera están preparadas de la noche anterior), me aseo, y con prisas (para variar) me preparo un café, lo vierto en el termo, agarro un bollo y mientras me pongo el abrigo salgo escopeteado a la calle. 

Bien!, son las 8.17...en cuatro minutos pasa el siguiente metro, por lo que me da tiempo a llegar a la parada. El vagón está abarrotado. Saco mi "smart phone" de última generación, leo las noticias raudamente y haciendo malabares inserto los auriculares de mi reproductor musical en mis oídos. Parada a parada la gente entre y sale, corre, empuja al resto de iguales, grita, se queja. Ahora me toca salir a mí. Salgo corriendo. Son las 8.29 y en treinta y un minutos empieza mi día, pero quiero aprovechar los minutos precedentes para volver a tomarme otro café, engullir otro bollo quizás y releer de nuevo los últimos titulares.

El día transcurre, corriendo de un lado para otro. El bullicio es ensordecedor. El resto de individuos parecen clones. Todos actúan del mismo modo. Oyen, no escuchan, oímos, no escuchamos. El día llega a su fin, y la almohada susurra: Corre que te corre.